‘La habitación invisible’, un espacio para visibilizar la explotación sexual

 ‘La habitación invisible’, un espacio para visibilizar la explotación sexual

Con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas, Betania ha instalado en La Línea de la Concepción ‘La Habitación Invisible’, una experiencia inmersiva que pretende sacar a la luz una realidad que permanece oculta para gran parte de la sociedad: la explotación sexual de mujeres víctimas de trata.

La instalación, desarrollada por el Área de Trata de Seres Humanos y Violencia de Género de Betania, recrea el interior de una habitación donde se ejerce la prostitución y está construida a partir de testimonios reales de mujeres que han pasado por los recursos de acogida de la entidad en distintos puntos de España.

El recorrido permite a las personas visitantes acercarse a la violencia, el control y la deshumanización que sufren las víctimas. Cada elemento del espacio tiene un significado. En las paredes aparecen mensajes extraídos de foros donde consumidores de prostitución hablan de las mujeres como mercancía, cosificándolas y despojándolas de toda dignidad. También se muestran las multas y sanciones económicas que muchas redes imponen a las víctimas, incrementando continuamente las deudas que las mantienen atrapadas en la explotación.

La habitación incorpora además ansiolíticos, antidepresivos y sustancias estupefacientes que reflejan una realidad habitual entre muchas mujeres explotadas sexualmente. Tal y como explica Melissa Mann, coordinadora del Área de Trata de Seres Humanos y Violencia de Género de Betania, estos medicamentos y drogas representan «una forma de evasión y disociación para soportar una violencia continuada», así como una consecuencia del consumo que, en muchas ocasiones, exigen los propios prostituidores.

La recreación incluye también una zona de maquillaje y preparación personal que simboliza el proceso por el que muchas mujeres se ven obligadas a abandonar su propia identidad para construir otra con la que intentar sobrevivir a la explotación. «Tienen que dejar atrás quiénes son para crear otro personaje que les permita soportar el sufrimiento diario», explica Mann.

Durante la experiencia, las personas asistentes escuchan relatos reales de supervivientes que narran en primera persona las agresiones, el miedo, el aislamiento y la pérdida de libertad que vivieron mientras eran explotadas.

Una llamada a no mirar hacia otro lado

Con esta iniciativa, Betania busca transformar «la habitación invisible» en una realidad visible para toda la ciudadanía.

«Queremos que cuando una persona sospeche que esta situación puede estar ocurriendo en el piso de al lado, en su barrio o en su ciudad, no mire hacia otro lado. Necesitamos una ciudadanía comprometida que sea agente activo en la lucha contra la trata», señala Melissa Mann.

Desde la entidad recuerdan que la trata de seres humanos con fines de explotación sexual constituye una grave vulneración de los derechos humanos y uno de los negocios ilícitos más lucrativos del mundo, solo por detrás del tráfico de drogas y del tráfico de armas.

«La trata convierte el cuerpo de las mujeres en un objeto de compra y venta. Hay personas que obtienen enormes beneficios económicos mientras todo el sufrimiento recae sobre las víctimas. No podemos normalizar que alguien crea que tiene derecho a comprar el cuerpo de una mujer o de una niña», afirma la coordinadora.

Betania reivindica la abolición de la prostitución

A través de ‘La Habitación Invisible’, Betania pretende generar una reflexión profunda sobre la demanda que sostiene la explotación sexual y promover una mirada crítica hacia una realidad que continúa presente en ciudades y municipios de toda España.

La entidad insiste en que combatir la trata requiere la implicación de toda la sociedad y defiende que la única forma de acabar con esta forma de violencia es actuar contra el sistema que la alimenta.

Con esta acción, Betania vuelve a poner el foco en las miles de mujeres y niñas que continúan siendo víctimas de explotación sexual y hace un llamamiento a no permanecer indiferentes ante una de las formas más graves de violencia contra las mujeres y de vulneración de los derechos humanos.