Begoña Arana: “La tecnología sin el criterio y la labor técnica no rescata personas»

 Begoña Arana: “La tecnología sin el criterio y la labor técnica no rescata personas»

La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta clave para detectar situaciones de trata y explotación sexual en internet, pero nunca puede sustituir la mirada y el criterio de las profesionales. Esta ha sido una de las principales ideas defendidas por Begoña Arana, directora ejecutiva de Betania, durante su participación en el V Observatorio ODS, celebrado en CaixaForum Madrid bajo el lema “Estrategia y emergencia en la era de la IA”.

Arana ha intervenido en la mesa redonda “Tecnología contra la trata: algoritmos e IA para combatir la explotación sexual y proteger a las víctimas”, centrada en el uso de herramientas digitales para el patrullaje de internet, la detección de anuncios fraudulentos y la protección de personas en situación de vulnerabilidad. La mesa ha contado también con Rocío Mora, directora ejecutiva de APRAMP; Beatriz Sánchez, fiscal de sala coordinadora de Trata de Personas y Extranjería de la Fiscalía General del Estado; y Daniel Pulido Cintrano, inspector jefe de la Sección II de la Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos de la UCRIF Central, bajo la moderación de María Ubago, directora de Enclave y Mascotario.

Durante su intervención, Begoña Arana ha explicado cómo las redes de trata se han adaptado al entorno digital y cómo esta transformación obliga también a las entidades especializadas a modificar sus métodos de detección.

“Las redes de trata y explotación sexual se van adaptando a las características de cada tiempo y desde hace varios años es una realidad que la explotación se ha trasladado al mundo digital”, ha señalado.

“Hace unos años, los equipos profesionales analizaban manualmente las páginas de prostitución en busca de patrones: fotografías repetidas, números de teléfono vinculados a diferentes anuncios o cualquier otro indicador que pudiera revelar una posible situación de explotación. Sin embargo, el enorme volumen de información disponible en internet hace que este trabajo resulte cada vez más difícil de abordar de manera exclusivamente manual”, ha continuado.

Por ello, Betania “utiliza actualmente herramientas de inteligencia artificial y Big Data, como Traffic Jam, que permiten analizar grandes cantidades de información, encontrar conexiones, identificar patrones y generar alertas que posteriormente son analizadas por profesionales especializadas”, ha explicado.

Arana ha insistido, no obstante, en que la tecnología debe ser una herramienta al servicio de la intervención social y nunca un sustituto de esta: “Un algoritmo puede detectar un patrón, una coincidencia o un indicador de riesgo, pero no puede determinar por sí solo que estamos ante una víctima”.

La normalización de la explotación en internet

La directora de Betania también ha abordado durante la jornada el riesgo de que la enorme cantidad de anuncios relacionados con la prostitución contribuya a normalizar e invisibilizar la explotación sexual.

Cuando cientos o miles de anuncios aparecen presentados con formatos similares, la explotación puede terminar percibiéndose como un servicio más dentro de un mercado digital. Una realidad que, además, trasciende las páginas específicamente dedicadas a la prostitución y puede alcanzar otros espacios digitales, como las aplicaciones de citas.

“Los puteros ven la gran cantidad de oferta que hay, pero no ven lo que hay detrás de cada anuncio: quién controla a la mujer, qué condiciones sufre, si tiene una deuda, si sufre amenazas o el control y la explotación que sufre 24/7”, ha explicado.

Ante esta realidad, Arana ha defendido la necesidad de que la intervención social sea también proactiva y digital. “No podemos esperar de forma pasiva que las víctimas lleguen a nuestro recurso o a una comisaría. Debemos buscar aquellos espacios en los que se está produciendo o, al menos, anunciando la explotación de mujeres y niñas”, ha afirmado.

Este enfoque conecta directamente con los ODS 5 y 16, vinculados respectivamente a la igualdad de género y a la construcción de sociedades pacíficas, justas e inclusivas.

Para Arana, el reto consiste en combinar las posibilidades de la inteligencia artificial con la experiencia de los equipos especializados. Porque, detrás de cada anuncio, cada fotografía y cada dato, existe una persona cuya historia está marcada por la violencia y la vulneración de sus derechos. “La tecnología sin el criterio y la labor técnica no rescata personas”, ha concluido.